Cuando dices que tu estrategia de Seguridad Pública es la correcta y que la justicia solo puede existir donde hay paz.

Te equivocas, porque si bien es cierto que la forma más segura de combatir las conductas delictivas, es eliminando las causas que las generan, estas no son únicamente la falta de oportunidades para los jóvenes, son también la falta de educación, a la que tu has relegado a segundo término; lo son también las familias disfuncionales, a cuyo crecimiento has cooperado al eliminar las estancias infantiles o las escuelas de tiempo completo, donde decenas de miles de niños, de familias pobres, dejaron de percibir la que fuera posiblemente la única comida decente que tenían al día, un proyecto que se pagaba con nuestro dinero y el que has dedicado a otros fines, pensando también equivocadamente, que ese dinero es tuyo y que no tienes que rendir cuentas de su uso.

Te equivocas, porque el factor más relevante para que los criminales prosperen, es la impunidad, pues si los criminales no son castigados, volverse criminal se vuelve rentable y los gobiernos que han hecho la vista gorda   a la inseguridad, han sido el caldo de cultivo para que la criminalidad haya crecido a tal grado que ya es dueña, de una buena parte del país  donde la gente decente que trabaja, produce, crea empleos, paga impuestos y coopera para la seguridad social, tenga que dejar de hacerlo para proteger su vida.

Te equivocas, porque mientras haya impunidad no habrá paz y mucho menos justicia, pues si un joven quiere ganarse la vida y lo puede hacer de forma rentable, en un mundo mercantilizado como el que vivimos (en eso también concuerdo contigo), vendiendo drogas sin riesgo a recibir castigo, lo va a hacer y si gana dinero y se hace su vida en ese mundo, cuando tenga competencia y se pueda deshacer de ella, desapareciéndola, sin riesgo a recibir castigo, lo va a hacer.

No estuve de acuerdo con la forma como Felipe Calderón enfrentó el problema, pues la criminalidad creció al obligarla a sostener un frente de batalla que antes era casi inexistente, el abandono de los cuerpos policiales y la preferencia de las fuerzas castrenses en la función de seguridad pública, que es esencialmente civil, tuvo graves consecuencias, pero le reconozco que enfrentó el problema y no actuó como un cobarde que prefiere cerrar los ojos y fingir que no existe.

Te equivocas, pues tú y tu gabinete actúan ignorando que la principal función del Estado, al que tú representas pues así lo imploraste por décadas, es lograr la seguridad para que la sociedad pueda vivir en la armonía que permite crecer la economía, el mercado, la educación y la ciencia, dentro del respeto mutuo al derecho de los demás y esa ignorancia es lo que nos ha convertido en una sociedad disfuncional, donde la extorsión, el asesinato, la tortura y el tráfico de personas, drogas y armas, se realizan con la impunidad de la que goza un matón frente al cobarde que prefiere tirarse al suelo y cubrirse la cabeza mientras lo golpean.

Es cierto, en la paz hay justicia, pero tú cierras los ojos al hecho que México es un país en el que la paz es cada día mas exigua y, por tanto, también la justicia; pues mientras los criminales reciban abrazos y no el justo castigo, mientras se pretenda tratar al delincuente como a cualquier persona y no como a quien expolia a sus vecinos, la intranquilidad y el desasosiego, serán parte del diario vivir de quienes lo habitamos.

Cierras los ojos, al pretender que el asesinato de dos sacerdotes y un honesto guía de turistas no tiene trascendencia y solo es un pretexto de tus enemigos para atacarte por una iglesia que está apergollada por los poderes económicos.

En lo que tal vez no te equivoques, es que alguien con poder en México, sí está apergollado, en una situación en que se ve obligado a acceder a soltar al criminal hijo de otro criminal, al que respetuosamente llama Señor Guzmán; a construir una carretera en un territorio, que desde hace décadas está en manos de uno de los grupos delincuenciales más fuerte de México y ese poderoso dice que el criminal es también persona que merece todo su respeto, como cualquier otro ciudadano.

Tal vez ese apergollado es el peor criminal de este país.

Oscar Müller Creel

Oscar Müller Creel